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10 marzo 2007
09 marzo 2007
VIERNES DE EVAS!óN – 9-III-2007 - VANEXXA: "NO BUSCO LA PROVOCACIÓN"
TEXTO: JOSU OLARTE
Curtida en el underground madrileño de teatro, el happening y el vodevil alternativo, la actriz, performer, compositora y cantante Vanexxa comenzó a dar que hablar cuando más de 2.500 personas se bajaron su canción "Desheredada" antes de la edición de "Se rompe o se raja", álbum lanzado por Subterfuge, de vocación transgresora que se nutre de la arrogancia del hip hop femenino y de la picardía cómplice de cabaret, combinadas con dosis de encanto pop, calor flamenco y actitud punk.
Raperas como La Mala Rodríguez, Sara Da Pin Up, pioneras del punk teatral como Nina Hagen o chicas muy suyas como Cristina Rosenvinge, Murfila o Bebe son referencias recurrentes al hablar de esta joven pero preparada artista madrileña que dice no conocer el rollo ‘burlesque’ puesto de moda por la esposa de Marilyn Manson, Dita Von Teese.
Cuesta creerlo, viéndola con el bastón, el sombrero de copa, las ligas y la ropa interior de encaje negro cantar cosas como "tengo un novio al que no quiero nada, me lo tiro, me lo tiro, y no siento nada" (‘Cuentos chinos’). Entre la arrogancia sexual y el orgullo femenino, Vanexxa asume distintos roles en sus letras de desamor, despecho, ambigüedad o provocación convertidas en canciones transgresoras pero accesibles.
Con un carácter afable, ‘La desheredada’ exhibe una fe en sí misma muy propia del titulo de su disco (‘Se rompe o se raja’ es ‘ahora o nunca’ en slang chileno). Y es que Vanexxa no es una recién llegada. Con 14 o 15 años sedujo a ‘Capi’ Arenas (descubridor de Alejandro Sanz) y grabó para BMG un disco de pop adolescente, estudió danza e interpretación en Irlanda y, de vuelta en Madrid, se formó durante seis años en la escuela de actores de Cristina Rota, alternando trabajos de subsistencia mientras "sin dejar la música" se forjaba como actriz todoterreno.
Ha sido dirigida por John Malkovich, Juanma Bajo Ulloa o Joaquín Oristrell, pero donde Vanexxa ha encontrado eco ha sido con sus espectáculos de cabaret-hop que, a la postre, propiciaron un primer disco que esta noche (y con entradas a sólo cinco euros) dramatizará en el Artium de Vitoria.
Tus directos tendrán una gran componente teatral.
Sí, las canciones tienen una puesta en escena que está planteada como una fusión de expresiones. La idea es transformar el espacio en el que actuamos en un pequeño mundo en el que todo vale para representar la letra de las canciones. Hay visuales, monólogos, un DJ. Salgo vestida como maestro de ceremonias que va dando entrada a diferentes personajes que representan todo tipo de roles sociales.
Así que entiendes la música y la interpretación como expresiones complementarias.
Mi trabajo es una fusión de ambas. Hay gente que me dice que con este disco vuelvo a la música, pero yo nunca he hecho diferenciaciones en eso porque, aunque me haya formado en la interpretación, nunca he dejado la música. Ahora tengo un disco con canciones que tienen ingredientes musicales y teatrales. Lo que hago es un concepto basado en la fusión de mis tres pasiones: la música, la dramaturgia y la interpretación.
Las letras y el alma
Fuiste cantante muy precoz.
Sí, en el año 93 con una multinacional, tenía 15 años pero ya componía canciones de pop o así. A través de un vecino que trabajaba en la tela, una maqueta mía llegó a manos de Miguel Ángel Arenas. Sacaron el disco como Vanessa, aunque luego no supieron qué hacer con él. Era una cría pero no dejaban de ser canciones que me representaban en ese momento, así que, en ese sentido, era un poco lo mismo que hago ahora.
En ‘Se rompe o se raja’, las letras se imponen a la música, se habla de lo que dices y de cómo lo dices.
Podríamos decir que las letras son el alma del proyecto. Hablan de mí, de mi percepción de la realidad porque no establezco diferencias entre persona y personaje. La gente me pregunta cuánto de mí hay en Vanexxa pero para mí no está desvinculado. Los personajes de mis canciones y los que hago en directo podrían representar mi vida en un momento determinado, así que se podría decir que hay muchas Vanexxas. Está la superguay, la mujercita, la desheredada, la ‘ponny girl’ autoritaria…
La mayoría hablan de tíos. ¿Te consideras feminista?
Si hablo de tíos es porque están presentes en mi vida, no me limito a hacer juicios de valor; dejo las cosas abiertas para que cada uno haga su propia interpretación. Sólo ejerzo de correa transmisora entre lo que yo creo que es la vida real y el escenario. No creo que mi discurso sea feminista porque no me gusta etiquetarme pero lo que tengo claro es que para una mujer la vida sigue llena de barreras que tiene que superar. Hay una exclusión permanente en muchas cuestiones de la vida de la que los tíos no son conscientes.
¿Cómo te dio por versionar el ‘Hey’ de Julio Iglesias?
Esa canción tiene un valor sentimental para mí porque la escuchaba de pequeña en casa, pero sobre todo empecé a dramatizarla dándole la vuelta a su discurso machista de hombre despechado que se cree enamorado.
Por tu actitud desafiante se te asocia con el hip hop, un género con el que no tienes nada que ver.
Lo que hago no está pensado ni para provocar ni para ofender. No busco la provocación ni trato de atacar al machismo. Las canciones están expresadas de esa manera porque fueron creadas para un formato de teatro pequeño que ha ido creciendo. No estaban hechas para ser grabadas y por eso el disco no tiene un estilo concreto. Si me he acercado al hip hop es porque es un estilo que me gusta y que está cercano al carácter de mis letras, que por lo general son, digamos, atrevidas. La gente de hip hop no me ve como una intrusa, porque saben que lo mío es otra cosa que está más cerca del cabaret, del espectáculo teatral que interactúa con el público.
De la mano de La China
¿Cómo acabaste grabando para un sello como Subterfuge?
Fue a través de La China (performer y cantante de Cycle), venimos de la misma escuela de interpretación y trabajamos juntas porque en el año y medio que llevaba actuando en Madrid, hemos coincidido muchas veces. Como entendemos las actuación y la música de la misma manera, me apañó una entrevista con el sello de su grupo. Les llevé una maqueta y, como ya me conocían, lo vieron claro.
¿Esperabas dar tanto que hablar?
Las buenas críticas han sido una sorpresa, la repercusión ha sido mayor de la que esperaba pero no suponen un problema, sino un incentivo para seguir en una profesión que se basa en el trabajo, el esfuerzo, la independencia creativa y la autocrítica. De los seis años que pasé en la escuela de Cristina Rota aprendí que, para crecer en esto, es imprescindible abstraerte de lo externo, de lo que se dice de ti.
Te comparan con La Mala, Christina Rosenvinge o Nina Hagen.
Sí, y no sólo no me molesta sino que es un halago porque todas ellas me encantan, no solo por su música sino especialmente por su actitud. Son mis antecedentes. Christina estuvo muy presente en mi primer disco y La Mala es una de mis favoritas. Me gustan también grupos de rock como los Pixies pero escucho sobre todo música hecha por mujeres.
Las dos XX de tu nombre artístico sugieren carga sexual.
Sí, pero no van por ahí los tiros. Me las pusieron unos amigos de mi antigua compañía de teatro y las he conservado. Son como una seña de identidad.
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DIARIO NOTICIAS DE ÁLAVA - 9-III-2007 - "Hasta ahora he ido a la carrera, pero llega el momento de disfrutar de lo que me está pasando"
CARLOS GONZÁLEZ
Vitoria.
Ha actuado en musicales, en distintas obras de teatro, ha hecho danza contemporánea, ha escrito canciones... Vanexxa es una todoterreno hecha a sí misma que habla de su trabajo desde la modestia y con el convencimiento de que se está ganando al público sin artificios. Hoy regresa a Vitoria.
Me hace mucha ilusión volver porque el último trabajo de actriz que hice fue allí, cuando rodamos el vídeo de Su ta Gar con Juanma Bajo Ulloa.
¿No es que su estilo se parezca mucho al de Su ta Gar, no? ¿Cómo fue la grabación de ese vídeo?
Tal vez nuestra música, en cuanto a las formas, no tenga mucho que ver, pero sí son músicos con los que, ideológicamente, comparto la manera de ver el trabajo y afrontarlo. Estar con ellos fue un lujo. En cuanto a Juanma, qué te voy a decir. Es uno de mis directores preferidos. Bueno, no. Es el preferido. Que me contratara fue una gran experiencia. Además conocí Vitoria, aunque espero que en este nuevo viaje tenga más tiempo y pueda pegarme una buena comida.
Por cierto, ¿le había tocado antes actuar en un museo de arte contemporáneo?
La verdad es que no. Hombre, yo ya estoy acostumbrada a actuar en lugares de lo más diverso, incluso algunos bastante insólitos. Es cierto que lo de los museos no lo he probado todavía y me despierta bastante curiosidad. Siempre hay una primera vez y esperemos que sea una buena experiencia.
Actriz, cantante, bailarina, compositora, escritora... ¿Cómo definirla?
A mí también me cuesta, no te creas. No sé... Lo que sí tengo claro es que el disco que estoy presentando es una opción de mis tres pasiones: la música, la dramaturgia y la interpretación. Creo que es un trabajo que está igual de cerca de la música que del teatro. No sólo me subo al escenario para presentar una serie de canciones. También hay personajes, puesta en escena... No creo que lo que hago ahora sea un concierto al uso. Es un espectáculo donde la interpretación es muy importante y que nace como resultado de toda la labor que he desarrollado en estos últimos años. Por eso definirme es complicado, porque todo está vinculado con el resto. Por ejemplo, cuando doy vida a un personaje pienso en el tipo de música que escucharían. A la hora de cantar, imagino qué tipo de personaje interpretaría una u otra canción.
Aunque hay cabaret en su puesta en escena y la provocación le acompaña, por ejemplo, en su estética, lo cierto es que 'Se rompe y se raja' no es un álbum de carga sexual.
Me sorprende que me llamen provocadora. Esa nunca ha sido mi intención. Lo que pasa es que el espectáculo es atrevido, radical, creativo.
¿Qué queda en Vanexxa de aquella Vanessa que editó su primer disco en 1993?
Es un álbum que hice siendo muy joven e inexperta. Seguro que hay algunas cosas que hubiese hecho de otra manera. Pero es un disco que, aunque ha pasado mucho tiempo, todavía me sigue representando. Me reconozco perfectamente en esas canciones. Hoy sigo siendo la misma, aunque haya pasado tanto tiempo.
¿Es una mujer de armas tomar?
No sé. Eso se lo tendrías que preguntar a otros. Pero bueno. Eso dicen.
A escena no sale discreta. ¿Qué primer impacto tiene el público?
Es un impacto un poco extraño. Hay quien, en un primer momento, no entiende tanto estilo de música y esa estética. Pero todo tiene su lógica. En realidad, el primer personaje que aparece es un maestro de ceremonias que llama a disfrutar de todo el resto del espectáculo, en el que aparecen la mujercita, la superguay, la pony girl, la desheredada...
Y todo eso mezclando pop, rock, hip hop, punk...
Sí. Para mí el estilo de mi música es el estilo libre.
¿Tiene mono de teatro?
No tanto porque este trabajo no está muy alejado del teatro, sino todo lo contrario. Estoy cerca de la interpretación. Al final, todo es una manera de expresión.
En estos meses se está metiendo una buena sesión de conciertos, viajes, promociones y demás. ¿Le quedan ganas de escuchar música o ir al teatro?
Sí. Es que para eso debe haber tiempo. Es una forma de enriquecerte y, al mismo tiempo, apoyar la cultura. La última obra que he ido a ver es El malo de la película de Albert Plá, y, entre viaje y viaje, lo último que he escuchado es el nuevo disco de Tom Waits. Para mí es importante buscar referentes. Para la cultura siempre tiene que existir un espacio. ¿No lo hay para el fútbol?
¿Todo este trajín le está dejando disfrutar del momento dulce?
Hasta ahora he ido a la carrera todo el tiempo y creo que, después de dos años de lucha con este disco, ha llegado el momento de disfrutar todo lo que me está pasando.
¿Dónde ve a Vanexxa dentro de cinco o diez años?
El futuro es incierto, amigo.
¿Ronda por la cabeza otro disco?
Rondan las ideas y las composiciones, pero no sé como cristalizará.
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08 marzo 2007
EPS - 25.II.2007 - SABOR A MALAS
Pablo Guimón
El País Semanal
Son mujeres, son jóvenes y comparten una actitud. Se llaman Vanexxa, Sara Da Pin Up y Hanna. Tres artistas que irrumpen estos días en el mundo de la música, y vienen dispuestas a demostrar que ellas llevan las riendas. Sus letras tienen arrogancia, sexo y mucha calle. Crecidas al amparo de los estereotipos del ‘hip hop’, son el reflejo musical de una nueva generación de chicas liberadas.
"Esto no es sólo música. Es una actitud, una ideología. Es hacer lo que yo quiera, ¿por qué no?"
"El 'rap' te permite decir lo que te dé la gana. Da igual la voz, lo que importa es lo que cuentas"
Aquí hay una pelirroja que, con voz lasciva, le pide a papá que la quiera tanto como a mamá. Una chica que pensó en apuntarse a clases de boxeo para aprender a defenderse de todos los cerdos. Hay una rubia de 25 años que le espeta a su chico que va a devolverle una a una todas sus faltas. Y que lo piensa hacer con estilo, pero sin pausa, como todos los orgasmos que ha fingido desde que se conocieron. “Haz memoria”, le exige, “¿recuerdas los gemidos?”. Hay una morena que iba a hacer una canción alegre, pero le salió revolucionaria. Que dice que se fuma un porro y todo se vuelve divino. Que le advierte a su novio de que, como le coja, su cara bonita se va a poner muy roja. “Falso muchacho”, le suelta, “que te den por culo”. Aquí hay chulería, violencia, sexo, desengaños y muchos kilómetros de calle. Todo a ritmo de rap, flamenco, rock, reggaeton, y todo con voz de mujer.
Pero también hay una niña que improvisa canciones ante los paseantes del parque del Retiro tras un cartel pintado a mano que dice “no sé inglés”. Una adolescente subida a unas rocas en Ibiza recitando sus canciones a una grabadora que le ha robado a su ex novio rapero. Una voz femenina al otro lado del teléfono que garabatea versos en un cuaderno mientras aconseja a los clientes de un banco qué hacer con sus ahorros. Hay un proyecto frustrado de estrella infantil, un Mister Atlanta y hasta un instituto de Virginia Occidental.
Éstas son las historias de Hanna, de Sara Da Pin Up y de Vanexxa. Tres chicas que estos días intentan abrirse camino en un mundo tan difícil como es el de la música española en 2007. Tres mujeres que han luchado mucho para lograr una oportunidad que les acaba de llegar. Hanna es una de las principales apuestas del año de una discográfica multinacional. Su primer disco, Pura Hanna, sale a la venta el 19 de marzo. Pero ya ha levantado revuelo con su desgarrada balada Como un mar eterno, incluida en la banda sonora de Yo soy la Juani, película en la que Bigas Luna retrata a la nueva juventud del extrarradio. “La verdadera Juani”, así publicitan a Hanna en su discográfica. Sara Da Pin Up, cuyo nombre artístico remite a las chicas de calendario de los años cincuenta, es el primer fichaje de una nueva división dentro de otra multinacional. Su debú discográfico, Trippin up, también sale a la venta en marzo. Pero las rimas de su sencillo Yo gano, tú pierdes llevan ya meses calentando motores entre el público del rap. Y Vanexxa es alguien que sabe desde muy niña que lo suyo es el espectáculo. Una artista que acaba de publicar su álbum, Se rompe o se raja, en una discográfica independiente experta en amplificar proyectos.
Sus propuestas musicales y sus historias son distintas. Pero las tres comparten una actitud; en sus letras, en su estética, en su forma de comportarse sobre un escenario. Una actitud de chicas malas. Peligrosas, sobradas, independientes, sin pelos en la lengua. Y todo sin renunciar a su feminidad. Incluso utilizando ésta como arma. He aquí un modelo de artista femenina nacido al amparo de la cultura urbana del hip hop y sus estereotipos, como las divas del rap estadounidense.
Tomás Fernando Flores dirige y conduce el programa radiofónico Siglo 21, en RNE 3. Lleva más de diez años en las ondas rastreando las últimas tendencias musicales. Acerca de estas nuevas artistas opina que constituyen “un fenómeno emergente, influido por el rap, con una saludable intención de provocar”. “Las chicas tienen ganas de expresarse con contundencia”, dice. “Es algo a lo que estamos acostumbrados en los artistas masculinos, pero que si lo hacen ellas llama más la atención. Me parece muy estimulante y creo que se va a multiplicar. Últimamente me llegan muchas maquetas de chicas con propuestas en esta línea. Es un reflejo de una actitud que ha cambiado en la mujer actual”.
Todos los grandes movimientos culturales juveniles de finales del siglo XX tuvieron sus figuras femeninas icónicas, que hubieron de luchar por ganarse el respeto en un mundo de hombres. El hippismo tuvo a Janis Joplin; el punk, a Patti Smith; el grunge, a Courtney Love; el hip hop, a Missy Elliot. Y todas tuvieron sus discretos reflejos en España. La diferencia es que ahora, en un mundo más globalizado, esas influencias se asumen más rápidamente.
El antecedente más claro de estas nuevas chicas malas surgidas en España tiene un nombre elocuente: La Mala Rodríguez. Gaditana, de 27 años, La Mala cautivó al público joven rapeando con su deje andaluz. Su apropiación y reinterpretación a la española de un sonido tan estadounidense como el rap la convirtió en uno de los fenómenos musicales más interesantes de la música española reciente. Sus dos álbumes publicados hasta la fecha, Lujo ibérico (2000) y Alevosía (2003), son discos de oro en España. Y ahora trabaja en los últimos retoques de su tercer álbum, Malamarismo, que se edita el 30 de abril. Un trabajo que se va a publicar también en Estados Unidos. Ha grabado en Las Vegas, en Miami y en Los Ángeles, y ha contado con colaboraciones de lujo como las de Calle 13 y Tego Calderón (los reyes del reggaeton de calidad), y la del guitarrista flamenco Raimundo Amador. Decir que el disco promete es quedarse corto.

Vanexxa, Sara Da Pin Up y Hanna no ocultan su respeto a La Mala. Pero no parece que sus propuestas surjan a la estela de ésta, sino que más bien son reflejo de una misma realidad. Alejo Stivel, histórico del pop español y productor del disco de Hanna, es de esa opinión. “No creo que haya dado tiempo a que una artista haya crecido influida por el éxito de La Mala”, comenta. “Es más bien algo que está en el aire lo que hace que salgan artistas así. Algo que tiene que ver con cómo es la mujer hoy en el mundo en que vivimos”.
Madrid, noche del 10 de febrero de 2007. Las luces se apagan y, en una esquina del escenario, el disc jockey atrapa con sus mezclas la atención de la sala. Entonces sale Vanexxa. Viste bragas negras y un chaqué sobre un recargado corpiño. Ligas negras sujetan las medias blancas que cubren sus delgadísimas piernas. Completan el personaje un sombrero de copa sobre su larga melena rojiza y un bastón de cabaretera. Empieza el alegato con Cuentos chinos: “Porque ya no tememos a los lobos; / porque vamos de sobradas para todo; / porque nosotras peleamos, lloramos, besamos, amamos. / Porque somos mujeres, no necesitamos ningún cuento chino”. Hay provocación, ironía y arrogancia sexual: “Tengo un novio al que no quiero nada. / Me lo tiro y me lo tiro, y no siento nada”.
Para Vanessa ?que no tiene una explicación de por qué las equis suplantaron a las eses en su nombre artístico?, “el directo es el alma del proyecto”. “Esto no es sólo música”, explica. “Es un concepto, una actitud, una ideología. Es ganas de expresarse, es libertad, es voy a hacer lo que quiera, ¿por qué no?”.
La idea tiene mucho que ver con cómo ha sido su vida, en la que la precocidad y el no ponerse límites han sido una constante. A los nueve años le regalaron su primera guitarra. Y sin saber tocar, empezó a construir sus pequeñas canciones. “Siempre he sido una niña muy precoz, muy segura de mí misma, muy atrevida”, cuenta.
Fue precoz también en su entrada a las discotecas. Y una tarde, con 14 años, estaba bailando en una y se le acercó un equipo del programa televisivo juvenil Ponte las pilas, que estaba grabando testimonios entre el público. “Me pidieron que cantara algo, y yo me puse a cantar mis canciones”, recuerda. “Hablaban de lo que me pasaba a mí con 14 años: historias de que me castigaban, cosas así, de adolescentes”. Resultó que el tipo de la televisión era vecino de Vanessa, y un día se la encontró y le pidió una maqueta. Ella grabó en su habitación unas canciones y se las dio a aquel hombre. Y éste le hizo llegar la maqueta a Miguel Ángel Arenas, Capi, productor y descubridor de jóvenes talentos como Alejandro Sanz.
La cosa terminó en un contrato con la discográfica BMG, un disco titulado Vanessa, y una niña de 16 años emancipada legalmente de sus padres. Poco más. “Al ser tan joven, nadie sabía muy bien qué hacer con ese disco, y yo no supe tampoco defenderlo”, explica Vanexxa. “Además, era el año 1993 y empezaba ya a notarse la crisis de las discográficas. Pero yo tengo un recuerdo bueno, fue una experiencia positiva. Lo que me ha dado ha sido refuerzo”.
La frustrada estrella infantil terminó COU y su contrato discográfico expiró. Así que hizo las maletas y se marchó a Dublín, donde descubrió su otra vocación y lo que se convertiría con el tiempo en el otro 50% de su proyecto: el teatro. “Era un momento bastante complicado para mí”, asegura. “Tenía que decidir qué hacer con mi vida. Así que me apunté a clases de interpretación y de danza contemporánea”.
Pasó dos años en Irlanda aprendiendo y reinventándose. Y a su regreso a Madrid se matriculó en la escuela de actores de Cristina Rota. Entró en la Fundación Shakespeare, se especializó en teatro en verso, montó una pequeña compañía y, como todo aspirante a actor, conoció una amplia gama de trabajos alimenticios. “He hecho de todo”, asegura. “He cantado en el metro; he sido mimo, camarera, payasa; he animado fiestas infantiles; he vendido camas plegables, y hasta he trabajado en banca telefónica”. Y entre el teatro y la subsistencia había algo que nunca dejó de lado: la música. Cantaba sus temas con su guitarra en pequeñas salas para cuatro amigos. Poco a poco, el proyecto se fue perfeccionando, con la inclusión de un disc jockey.
Un día llevó sus maquetas a una discográfica, y el pasado noviembre veía la luz el primer disco de Vanexxa, Se rompe o se raja. Con la imprescindible ayuda de Internet (2.500 personas descargaron en tan sólo tres días su canción Desheredada antes de publicarse el disco), la arriesgada propuesta de Vanexxa se ha ido haciendo lentamente un hueco. Y estos días, la artista presenta su show por toda España y su disco se lanza en toda Latinoamérica.
A mediados de los noventa, una familia de Virginia Occidental (EE UU) recibió en su casa a una estudiante española. Era Sara, que llegaba de Las Palmas de Gran Canaria a estudiar en el instituto local. Y allí fue donde la que hoy es Sara Da Pin Up tuvo su primer contacto con la música. “Todo el mundo tenía un grupo”, recuerda. “Se montaban sus locales de ensayo en los sótanos, y cuando salían del instituto se iban todos a tocar. Así que yo acabé apuntándome a clases de guitarra”.
Cuando terminó el curso, Sara se fue a vivir a Madrid. Pasó allí unos años en los que su contacto con la música fue, digamos, más pasivo. “Allí con lo que tuve contacto fue con los garitos”, recuerda. “Fueron una locura esos años”. Después se instaló en Barcelona, donde tuvo lugar su segundo y más importante descubrimiento musical: el rap. “Descubrí la forma de poder expresar un montón de cosas sin saber tocar bien un instrumento”, explica. “A mí lo que más me gusta es escribir; tengo latas y latas llenas de servilletas escritas. Y entonces vi que el rap te permite decir lo que te dé la gana. Da igual la voz o la melodía, lo que importa es lo que dices”.
Así que esta rubia, que lleva su nombre tatuado junto a una flor de loto en un codo, empezó a frecuentar los ambientes del hip hop barcelonés. Y acabó enrollada con una de sus figuras más emblemáticas, Oliver, más conocido como Mucho Muchacho, el excesivo líder de los desaparecidos 7 Notas 7 Colores, que hoy disfruta de la vida en Ibiza, pinchando en discotecas.
Sara iba impregnándose de todo lo que la rodeaba. Acompañaba a los músicos al estudio, iba a los conciertos y hasta cantaba con ellos en directo. También llegó a grabar: “Yo soy Sara / envuelta en Prada, / en la nevera de mi casa siempre hay nata montada”, cantaba en un tema de Chulería, el último disco de Mucho Muchacho. La cosa iba creciendo, y un día, con unos amigos, hizo su primer tema. Una canción con un título dotado de una fuerte carga de provocación: Muérdeme la yugular.
El tema, incluido en un recopilatorio de música de baile de 2004, circuló rápido en Internet y en la noche barcelonesa. Y eso animó a Sara. “Empecé a recopilar letras y me convencí de que con eso se podía hacer algo”, recuerda. Le pidió a un amigo disc jockey unos CD con bases de rap, los metió en la maleta con todos sus papeles y se fue a pasar el verano a Ibiza. “No hablaba con nadie ese verano”, dice. “Me iba a las rocas con una grabadora muy cutre que le había robado a Oliver, y me ponía ahí a grabar mis cosas”. Llenó la grabadora y se lo mandó a un amigo de la industria, y resulta que la cosa gustó. Regrabaron todo el material, esta vez en condiciones, y así nació Trippin up, el primer álbum de Sara Da Pin Up, que llega a las tiendas en marzo.
Algo debía de tener en la cabeza esta niña morena para salir de su casa del barrio madrileño de Ciudad Pegaso y plantarse en el parque del Retiro a improvisar sus canciones a pelo, sin guitarra ni nada, tras un cartel en el que había escrito “no sé inglés”. Ana Isabel Iglesias Ferrer, más conocida como Hanna, dice que es “el destino”. “Estoy destinada, soy como una elegida, te lo juro”, explica esa niña, que ahora tiene 22 años. “Cada día que pasa me va poniendo pistas el destino. Y yo voy siguiendo esas pistitas, me voy encontrando a mí misma. Esto es algo que tenía que ocurrir, por cojones”.
Hanna se refiere a su recién adquirida condición de artista de una multinacional. Dentro de unas pocas semanas, todas esas músicas que llevan rondándola desde tan pequeña saldrán a la calle en forma de disco. Se llama Pura Hanna y ha levantado ya una considerable expectación. En Internet, los chats de adolescentes hervían los días siguientes al estreno, el pasado otoño, de la película Yo soy la Juani, de Bigas Luna, en cuya escena final suena la balada de Hanna Como un mar eterno. Un ejemplo literal: “Olle, xfabor os pido k si teneis la cancion entera de hanna la de como en un mar eterno, porfabor agregarme y pasarmela, esa cancion me esta volviendo loka”.
“Hanna es un personaje arrollador. Es incansable, intensa y está totalmente loca, pero de una locura genial. Tiene una parte salvaje y agresiva, pero a la vez es sensible y dolida”. Habla Alejo Stivel, ex integrante del grupo Tequila y productor de muchos éxitos del reciente pop español. Stivel escuchó por primera vez la voz de Hanna hace un año en el despacho de un alto ejecutivo discográfico. “Me dijo que tenía algo muy fuerte”, recuerda. “Me puso un tema y me quedé de piedra. Me encantó lo que transmitía”. Así que se conocieron, se metieron juntos en el estudio y nació Pura Hanna. Un disco que suena como si la folclórica más bestia hubiera crecido mandando sms y escuchando rap y reggaeton.
Hanna se formó musicalmente con lo que ella llama “la técnica del play / rec”. “Le daba al play y al rec en el radiocasete y me ponía a improvisar mis temas”, explica. “Hablar se me da un poquito peor, me comunico mejor cantando. Expreso mejor mis sentimientos”. Creció en una familia “con duende, con arte”. De su padre se sabe que llegó a ser Mister Atlanta, y que fue especialista y dobló a Sylvester Stallone en escenas difíciles de Rambo 1 y Rambo 2. Su madre falleció mientras Hanna cerraba su contrato con la discográfica. “Fue muy duro”, cuenta, “pero al final todo lo que te pasa te hace más fuerte, te vale para tomar determinaciones”.
Superar trabas en la vida le ha hecho ganarse una reputación de chica dura con la que se siente cómoda. “Estoy contenta con esa imagen, claro, si yo soy así. Pero no todo es malo, que yo también tengo mis cositas ahí guardaícas, que salen cuando compongo. ‘Que yo no soy mala, que yo no soy mala, pero a veces me lo hago para que no me la den por la espalda”, dice, recitando la letra de una de sus canciones.
En la hoja promocional de su disco se lee que “hay una chica en Madrid que está dispuesta a partir labios para hacerse oír”. Y a juzgar por lo que cuentan los internautas en algunos foros, no es una exageración. Se diría que la chica se las gasta, y no parece que el ruido generado por su primer disco la vaya a amilanar. “Qué va, al revés”, asegura. “Yo soy capaz de muchísimo. ¿Sabes de lo que soy capaz? De todo lo que me proponga. Igual que tú y que todo el mundo. El reto de todo ser humano es encontrar el sitio que le corresponde, y yo ahora estoy encontrando el mío”.
En ésas están las tres. Encontrando el sitio que les corresponde. Hanna, Sara Da Pin Up y Vanexxa. Tres chicas que, cada una a su manera, comparten una actitud. Pero para perdurar les toca demostrar que tienen algo más que eso. “El problema es que la actitud acabe imponiéndose sobre la música”, opina Tomás Fernando Flores, de Siglo 21. “Ha pasado muchas veces. Con actitud consigues repercusión, pero al final lo importante es la música”.
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